La pandemia de COVID-19 ha generado una emergencia sanitaria global sin
precedentes. México no ha escapado al impacto sustancial que han sufrido los sistemas de salud con alta demanda de atención en hospitales y otros centros de atención.
No se dispone en este momento de alguna intervención que cuente con evidencia suficiente de eficacia y seguridad para tratar la COVID-19.
Como consecuencia de ello, e intentando ofrecer el máximo beneficio a los
pacientes, el personal de salud ha utilizado diversos medicamentos o estrategias cuya evidencia de eficacia y seguridad es poco sólida o inexistente. Este fenómeno no es diferente al que se ha presentado en otros países y frecuentemente el uso de medicamentos de este tipo copia lo que se ha hecho en otras partes del mundo.
Si bien esa conducta es entendible y justificada en muchas ocasiones, esta
práctica puede tener consecuencias negativas tanto en el paciente como en la comunidad. Para el paciente, pueden ocurrir efectos adversos, conocidos o no, algunos graves, e interacciones medicamentosas significativas. Para la comunidad, puede ocurrir que el uso desproporcionado de algunos medicamentos genere su escasez y afecte a los usuarios habituales.
Hasta el momento, los estudios observacionales o ensayos clínicos para evaluar la eficacia de hidroxicloroquina con o sin azitromicina, cloroquina y lopinavir/ritonavir, no han demostrado eficacia y seguridad significativas.

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https://coronavirus.gob.mx/wp-content/uploads/2020/05/Uso_medicamentos_eficacia_no_demostrada_en_pacientes_COVID-25052020.pdf