La mayoría de nosotros hemos experimentado alguna vez un déjà vu, sensación de reconocer una experiencia como si la hubiéramos vivido antes aunque sepamos que es la primera vez que la vivimos. Cada año, al finalizar el otoño, todos los profesionales sanitarios nos enfrentamos a un “déjà vu”, que se puede resumir en pocas preguntas: ¿cómo será la gripe esta temporada?, ¿qué tan efectiva será la vacuna?, ¿aguantaremos la presión asistencial? En realidad, el déjà vu es un mecanismo que usa el cerebro para comprobar que nuestra memoria funciona perfectamente. Y con la gripe, funciona perfectamente.

En una temporada normal de gripe puede infectarse un 20-30% de la población. La mayoría sufrirá una infección leve e incluso asintomática. Un porcentaje bajo, pero significativo, de pacientes con gripe, la mayoría incluidos en alguno de los grupos de riesgo conocido, sufrirá un cuadro más grave o con complicaciones. Muchos consultaran con el sistema sanitario, bien sea a través de las líneas de atención telefónica, bien sea solicitando una visita al sistema de atención primaria o bien sea presentándose (con derivación previa o no) en un servicio de urgencias (SU) de cualquiera de nuestros hospitales1-3. Hay pacientes que, sin duda alguna, merecen atención urgente y otros que no deberían, con un sistema de selección y atención mejor que el actual, ser atendidos en el SU. Entre estos, hay una proporción de pacientes incluibles en los denominados worried well, es decir, que están bien, pero preocupados.

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