Aproximadamente 232 millones de pacientes son sometidos a cirugía mayor en todo el mundo cada año y hasta el 80% de estos pacientes reportarán dolor de intensidad moderada a severa. Específicamente 185 millones de personas sufrirán dolor que persistirá por días, semanas y meses después de su cirugía. El dolor postoperatorio severo no es inocuo, tiene efectos dañinos en la recuperación a corto y largo plazo, afectando a los pacientes y a veces, también a su familia. Como ejemplo, después de una cesárea, las mujeres con dolor severo tienen de 2.5 a 3 veces más riesgo de desarrollar depresión postparto y dolor persistente hasta ocho semanas después de su cirugía. Esto a su vez, tiene un efecto negativo en el desarrollo cognitivo del recién nacido de estas mujeres. El dolor degrada la calidad de vida del paciente y de su familia, aumenta la utilización de los servicios de salud y, por lo tanto, incrementa los costos asociados. El dolor severo en el postoperatorio es uno de los factores de riesgo más consistentes, para el desarrollo de dolor crónico postquirúrgico, se presenta del 10% hasta el 50% de los pacientes después de la cirugía. De los factores de riesgo conocidos, el dolor es posiblemente uno de los pocos factores que pueden ser modificados por los profesionales de atención médica. La literatura describe una gran variabilidad en la atención al paciente, un indicador de mala práctica. Estos hallazgos están bien documentados para pacientes en países desarrollados, tales como Estados Unidos y en Europa. García y colaboradores han escrito una revisión exhaustiva sobre los hallazgos en América Latina, lo que indica que los problemas son similares a los encontrados en otros países.

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