¿Qué es la enfermedad crónica de origen cardiometabólico?

En esta revisión, el enfoque se centrará en los eventos metabólicos que se pueden agrupar en distintas etapas de las enfermedades crónicas, susceptibles de atención preventiva, para optimizar los resultados clínicos de enfermedad coronaria (EC), insuficiencia cardíaca (IC) y fibrilación auricular (FA).

La ECV es la principal causa de muerte en el mundo. Las disminuciones en las tasas generales de mortalidad por ECV se han asociado con estrategias efectivas de prevención primaria. En un documento de llamado a la acción, se presentaron múltiples fallas del sistema de atención de la salud, de las cuales: “la falta de modificaciones en los factores de riesgo” fue la más impactante. En muchos pacientes, el tratamiento de la ECV comienza con la aparición de eventos como angina, síndrome coronario agudo, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca congestiva funcional clase III / IV o enfermedad vascular periférica sintomática.

Las excepciones incluyen el abandono del hábito de fumar y la reducción basada en el riesgo del colesterol de lipoproteínas de baja densidad (LDL) (LDL-c) como intervenciones preventivas. Sin embargo, la disminución de los niveles de LDL-c mediante el tratamiento con estatinas en los ensayos de resultados cardiovasculares dio como resultado una reducción del riesgo promedio de solo un 30%, dejando un grado preponderante de riesgo residual desatendido.

Se necesitan estrategias de prevención más efectivas

En este sentido, la consideración importante es que la ECV representa un proceso de enfermedad crónica que comienza temprano en la vida con oportunidades para la prevención primaria, secundaria y terciaria que puede mitigar la ocurrencia de eventos en la etapa final. En esta revisión, se establece un modelo médicamente accionable, consistente con la evidencia actual que aborda la fisiopatología, que delinea las interrelaciones entre la obesidad, la diabetes tipo 2 (DM2) y las enfermedades cardiovasculares.

Este nuevo modelo describe por primera vez enfoques integrales para la prevención primaria, secundaria y terciaria centrados en las ECV (específicamente EC, IC y FA) como etapa final de este proceso de enfermedad crónica.

Esta nueva entidad se reconceptualiza como enfermedad crónica de base cardiometabólica (CMBCD), cuya anomalía central impulsa la progresión de la resistencia a la insulina.

De hecho, el riesgo residual después de la terapia con estatinas puede atribuirse en gran medida a la resistencia a la insulina.

El modelo CMBCD aborda los factores de riesgo modificables que pueden mitigar el sufrimiento del paciente y los costos sociales de la ECV en lugar de la excesiva dependencia de intervenciones tecnológicas costosas e invasivas una vez que se expresan por completo las enfermedades.

La resistencia a la insulina está en la intersección de la adiposidad anormal y la disglucemia. Estos determinantes metabólicos se derivan de los determinantes primarios (genética, medio ambiente y comportamiento), y conducen a la progresión de CMBCD. Específicamente, la adiposidad anormal se incorpora en el término de diagnóstico recientemente propuesto para obesidad: enfermedad crónica basada en adiposidad (ABCD) y la disglucemia progresa según el modelo definido por enfermedad crónica basada en disglucemia (DBCD).

ABCD y DBCD se cruzan en el nivel de resistencia a la insulina para empeorar la CMBCD. En conjunto, esta formulación tiene por objeto aclarar la confusión existente en los informes publicados relacionados con las relaciones fisiopatológicas entre la resistencia a la insulina, el síndrome metabólico, la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.

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