La otitis media aguda (OMA) es una enfermedad con alta prevalencia a nivel mundial principalmente en pacientes en edad pediátrica, debido a factores de riesgo propios del grupo etario, como los factores anatómicos y condiciones ambientales (asistencia a guardería, ausencia de lactancia materna y exposición al humo del tabaco, entre otros). El diagnóstico de certeza de la OMA es clínico y se basa en el inicio súbito del padecimiento, signos y síntomas de otitis media y líquido en el oído medio. El método más certero para evaluar la integridad de la membrana timpánica es la otoscopia simple, aunque la variante neumática es la más efectiva para establecer el compromiso en la movilidad de la membrana timpánica.

Para la elección del tratamiento adecuado de la OMA se deben considerar diversos factores, entre ellos la edad del paciente, el estadio clínico, si existen tratamientos previos y el tiempo de evolución. La estrategia “esperar y ver” acompañada de analgésicos sistémicos por 48 a 72 horas disminuye la tasa de prescripción innecesaria de antibióticos en los casos de enfermedad no grave. El tratamiento antibiótico de primera línea, en el caso de que no haya mejoría con la primera estrategia o en forma directa es la amoxicilina a dosis de 80-90 mg/kg, y la combinación de amoxicilina con ácido clavulánico es el siguiente escalón cuando hay falla terapéutica con el primero, y una cefalosporina como la ceftriaxona, cuando se ha tenido falla terapéutica con amoxicilina y otro antimicrobiano previo. El tratamiento recomendado en pacientes alérgicos a la penicilina es claritromicina. La incidencia de complicaciones de la OMA es baja, éstas pueden ser: otitis media recurrente, hipoacusia conductiva, mastoiditis, parálisis del nervio facial, meningitis y absceso cerebral. Se recomienda realizar un seguimiento 3 a 6 meses después de un episodio sin complicaciones.

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