A pesar de que la obesidad fue declarada como una enfermedad, aún existe un estigma considerable acerca del peso, tanto en la cultura popular, como en la atención de la salud, lo que impacta negativamente en la formulación de políticas en materia de prevención y tratamiento. Si bien muchos lo ven como una elección o una falla de la fuerza de voluntad, existe evidencia para desafiar el argumento de que tanto el aumento de peso, como la incapacidad para lograr el mantener un peso adecuado, son culpa de las personas debido a fallas personales o falta de responsabilidad. En realidad, la regulación del hambre, la saciedad, el equilibrio energético y el peso corporal tiene lugar en las regiones subcorticales del cerebro. Por lo tanto, las señales de hambre y saciedad se generan en regiones del cerebro que no están asociadas con la experiencia consciente. Esto apunta hacia el determinismo biológico del peso y desafía las ideas de “fuerza de voluntad” y la moralización con respecto a la regulación del peso corporal. Se necesita un discurso más amplio relacionado con la responsabilidad personal y la estigmatización de la obesidad para mejorar la comprensión, la prevención y el tratamiento de esta compleja enfermedad.

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