La publicación en The Lancet de los resultados preliminares de la vacuna Sputnik V me indujo una gran felicidad y trataré de compartir cuales son los motivos (aparentes).

El primero, que la humanidad cuenta con una nueva vacuna que ha demostrado alta eficacia y escasos efectos adversos, en la línea de las mejores hasta ahora: Moderna y Pfizer.

El segundo, es que sepulta las dudas que se generaron cuando las autoridades argentinas aceptaron la aplicación de la vacuna sin compartir los datos que lo sustentaban. Esta circunstancia generó una nueva grieta:

a) Los que confiaban en la calidad y seriedad de los evaluadores del ANMAT y sus autoridades, y creían que la decisión se basaba en datos que, si bien no podían publicarse en ese momento, eran sólidos.

b) Los que no confiaban, habida cuenta de la presión política por tener una vacuna y la falta de antecedentes de la industria farmacéutica rusa como proveedora de la Argentina. La publicación deja atrás esta polémica, la Sputnik V está en el selecto grupo de vacunas de  más de 90% de eficacia y es de primer nivel.   

El tercero, un poco más local, es que contamos en la Argentina con una excelente vacuna que puede ayudarnos a superar esta tragedia comunitaria. La Sputnik V es de un costo mucho más bajo que las dos primeras y de mucho más fácil manipulación, dado que no requiere conservación a muy bajas temperaturas.

El cuarto, más universal,  es que no hay laboratorio que pueda producir vacunas este año para toda la humanidad; contar con varias de alto nivel facilitará el camino y la ilusión de volver a alguna normalidad. 

Mi intención es resumir algunos detalles de la información del artículo publicado que pueden resultar útiles transformados en mensajes para los médicos que son consultados para el uso de la vacuna.

1) ¿Qué personas fueron incluidas? 

Mayores de 18 años, que no tuvieran HIV, hepatitis B o C, sífilis, ausencia de anticuerpos IgG e IgM y PCR negativos para COVID.  No incluyeron pacientes bajo tratamiento con corticoides ni inmunosupresores

Primeros mensajes:

a) No sabemos si la vacuna puede ser útil en pacientes con HIV o hepatitis crónica, bajo tratamiento con corticoides o inmunosupresores, ni tampoco que hayan tenido previamente un episodio confirmado de COVID.

b) No se aplicó en niños ni adolescentes.

2) ¿La eficacia se observa desde la primera dosis o sólo desde la segunda?

En el diseño de este ensayo, similar al de la vacuna de Pfizer, la eficacia se evaluó por los nuevos casos de COVID confirmados a partir de la segunda dosis. Contados así, hubieron 16 casos en el grupo vacuna activa sobre 14986,  (0,1%) y 62 sobre 4902 con placebo, 1,3%,  con una eficacia del 91,6%. 

Otra forma de contar, al estilo del criterio de intención de tratar, es considerar todos los casos desde la primera vacuna. Así resultaron 79/16427 en el grupo vacuna activa (0,5%) y 96/5435 (1,8%) en el grupo placebo, una eficacia del 73%.  Si consideramos solo los primeros días la eficacia de la primera dosis resultaría aún más baja. Observaron 63/16501 en el grupo activo y 34/5476 en el grupo placebo, una eficacia del 38%.

Mensaje Final

Para ver el artículo completo dar clic en el siguiente enlace:

https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=97577