Los esteroides sexuales son producidos por las glándulas sexuales y distribuidos a través del torrente sanguíneo hacia diferentes tejidos como el cerebro. A su vez, el cerebro es un órgano esteroidogénico (Baulieu, 1991), que aumentan las posibilidades de que estas hormonas influyan en las funciones mentales. Las hormonas sexuales afectan la fisiología y el comportamiento a lo largo de dos tipos de acción. Las acciones de organización durante las etapas cruciales del desarrollo conducen a cambios permanentes, como la diferenciación sexual cerebral. Posteriormente, las acciones de activación se establecen en un cerebro programado que conducen a cambios transitorios, como el comportamiento sexual (Feder, 1981). No es coincidencia que muchos trastornos psiquiátricos comienzan en la adolescencia cuando las hormonas sexuales aumentan y se forman nuevas redes cerebrales. Disminución súbita o lenta de esteroides sexuales en mujeres y hombres, respectivamente, están asociados con sintomatología depresiva, irritabilidad y fallas en la cognición. Pero, por otro lado, las hormonas también pueden proteger contra daños al sistema nervioso central, como lo hacen los estrógenos durante la vida reproductiva de las mujeres.

Para ver el artículo completo dar clic en el siguiente enlace:

https://www.medigraphic.com/pdfs/salmen/sam-2020/sam201a.pdf