Introducción
La hiperuricemia (HC) se refiere a una concentración sérica anormalmente elevada de ácido úrico (>7 mg/dl en hombres y >6 mg/dl en mujeres).

El ácido úrico sérico medio ha aumentado progresivamente durante el último siglo, en muchas poblaciones. En EE. UU. aumentó del del 19% en el período 1988-1994 a 21,5% en 2007-2008.

La prevalencia aumenta con la edad y es mayor en hombres que en mujeres premenopáusicas (los estrógenos aumentan la excreción renal de uratos. En 2008, las regiones costeras del este de China tenían una prevalencia de casi 13%, mientras que en la década de 1980 se estimaba en 0%.

La HC suele relacionarse con la gota, pero cada vez más se acepta que los valores de >6,5 mg/dl o 7,0 mg/dl en hombres y mujeres posmenopáusicas y, >6,5 mg/dl en mujeres premenopáusicas son marcadores clínicamente importantes de otras enfermedades.

En general, como solo el 12% de las personas con un nivel de ácido úrico sérico entre 7,0 mg/dl y 7,9 mg/dl desarrollan gota, se considera que las intervenciones terapéuticas para la HC asintomática son injustificadas, a menos que ocurra un episodio de gota.

Sin embargo, la HC no solo se asocia con gota, sino también con diversas enfermedades cardiometabólicas, como hipertensión arterial, enfermedad renal crónica (ERC), hipertrigliceridemia, obesidad, enfermedad cardíaca aterosclerótica y, síndrome metabólico (SM). Estudios recientes sugieren que la HC puede ser un factor de riesgo para estas condiciones.

Metabolismo y actividad biológica del ácido úrico
El ácido úrico es producido por la xantina oxidasa y es el producto final del catabolismo de las purinas; se excreta principalmente en orina y heces. El ácido úrico sérico se ve afectado por las dietas ricas en purinas y fructosa, y también se produce durante la degradación de los ácidos nucleicos (ADN y ARN), así como de ATP (como puede ocurrir durante el aumento de la rotación celular o la degradación muscular).

Como el riñón es un sitio importante de excreción, la insuficiencia renal también puede conducir a la HC.

Los estrógenos pueden aumentar la excreción de uratos, lo que explica los niveles más bajos de uricemia en mujeres premenopáusicas.
Siempre se pensó que la asociación de la HC con el síndrome cardiometabólico se debía al efecto de la dieta, la obesidad y la resistencia a la insulina y, por lo tanto, el ácido úrico sérico no tendría ningún rol en estas afecciones. De hecho, algunos estudios han mostrado que el ácido úrico puede ser beneficioso en enfermedades cardiovasculares (ECV) y que funciona como un antioxidante.

Sin embargo, estudios más recientes sugieren que el ácido úrico soluble puede tener una amplia variedad de efectos proinflamatorios. Por ejemplo, el ácido úrico posee un efecto prooxidante celular, ya que su producción genera especies reactivas de oxígeno.

También tiene diversos efectos celulares, como la estimulación de factores de crecimiento, de la ciclooxigenasa 2, quimiocinas (proteína quimioatrayente de monocitos 1), proteína C reactiva y producción de tromboxano, aumentando la actividad y recambio de plaquetas.

El ácido úrico también activa el sistema renina-angiotensina, estimulando la actividad de la renina plasmática y la expresión de la renina rena y, activando la vía intrarrenal del sistema de angiotensina. Se ha demostrado que estos efectos son responsables de inducir muchos aspectos de la enfermedad cardiometabólica.

Además, se ha demostrado que la HC experimental induce la hipertensión arterial sistémica, a través de la vasoconstricción, impulsada por los efectos prooxidantes del ácido úrico en las células de los vasos del músculo liso, e inhibiendo el óxido nítrico. Igualmente, se ha demostrado que el ácido úrico induce la resistencia a la insulina y la gluconeogénesis. a través de la inhibición de la proteincinasa activada por el AMP hepático.

Los ácidos grasos pueden ser inducidos por la HC experimental, a través de la estimulación de la lipogénesis y la inhibición de la oxidación de los ácidos grasos, estimulada por la inducción del estrés oxidativo mitocondrial dependiente del ácido úrico.

La enfermedad renal crónica (ERC) es impulsada principalmente por el desarrollo de una hipertrofia arteriolar aferente que altera la autorregulación y permite el aumento de la transmisión de la presión arterial sistémica al glomérulo.

La enfermedad cardíaca puede ser secundaria al efecto estimulante que posee la HC sobre el sistema renina-angiotensina, el que podría causar hipertensión arterial, pero también se ha encontrado ácido úrico en la placa aterosclerótica.

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