Una de las líneas de investigación más novedosas en el campo de la oncología se centra en el estudio de virus para combatir y tratar el cáncer. Los virus oncolíticos se diseñan genéticamente para infectar, replicar y lisar células tumorales sin afectar a las células sanas.

La palabra cáncer es un término genérico que designa un amplio grupo de enfermedades genéticas complejas causadas por la acumulación de múltiples mutaciones. Según la Organización Mundial de la Salud, es una de las principales causas de muerte en todo el mundo y la segunda en los países desarrollados por detrás de las enfermedades cardiovasculares. A pesar de los grandes avances en la tecnología diagnóstica y en los tratamientos, el principal problema actual es la incompleta erradicación de los tumores invasivos, lo que deriva en un cáncer recurrente. Es por esto que se necesitan terapias más radicales y no convencionales para combatir esta enfermedad.

En los últimos años ha habido avances significativos en el tratamiento del cáncer. Los tratamientos convencionales cada vez son más precisos y tolerables por los pacientes. Además, han surgido nuevos y prometedores abordajes como la viroterapia oncolítica, en la que se produce la muerte de las células tumorales por infección, replicación y lisis vírica selectiva sin afectar a las células sanas [1]. El empleo de virus en el tratamiento del cáncer es fruto de la observación, ya que desde mediados del siglo XIX y a lo largo del siglo XX se han notificado casos que describían cómo pacientes de cáncer que contraían una enfermedad infecciosa entraban en breves periodos de remisión [2]. No se describió ningún caso de curación completa, pero sí empezó a verse a los virus como una posible alternativa. Durante más de cien años se mantuvo el interés en emplear a los virus como agentes experimentales para el tratamiento del cáncer y, gracias a los avances técnicos, a finales de los años 90 comenzaron los primeros ensayos clínicos con virus modificados genéticamente. Sin embargo, no ha sido hasta los años 2015 y 2016 que se ha conseguido dar el salto a la clínica con la aprobación del Talimogén laherparepvec (T-VEC o Imlygic®), el primer virus oncolítico de herpes simplex tipo I aprobado en Estados Unidos, Europa y Australia para el tratamiento del melanoma [3].

El uso de virus oncolíticos presenta una serie de ventajas frente a los tratamientos convencionales, ya que pueden ser administrados mediante distintas vías y los efectos secundarios observados hasta la fecha han consistido principalmente en estados febriles y cuadros gripales, apareciendo efectos tóxicos de mayor seriedad solo en casos aislados. Sin embargo, también presenta una serie de desventajas, como que, de forma natural, expresamos anticuerpos neutralizantes contra un diverso rango de virus, muchos de los cuales se emplean como oncolíticos, o que al ser partículas extrañas nuestro organismo reaccionará frente a ellos, neutralizándolos y provocando su secuestro en el hígado o el bazo, disminuyendo así la cantidad de partículas víricas que alcanzarán el tumor [4].

 

 

Figura L. Lerma

 

Figura. Mecanismos de acción antitumoral de los virus oncolíticos.

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