Introducción

La disfagia es un síndrome geriátrico que afecta del 10% al 33% de los adultos mayores. Generalmente, se la define como la dificultad para tragar. Muchos pacientes que tienen disfagia no diagnosticada se adaptan a ella a través de modificaciones del comportamiento, mientras que otros experimentan una aspiración silenciosa.

Por estas razones, es difícil cuantificar con precisión la prevalencia de la disfagia. La mayor prevalencia se halla en el hospital y en los hogares de ancianos.

La disfagia orofaríngea ocurre con mayor frecuencia en adultos mayores que padecen un trastorno neurológico (enfermedad de Alzheimer, 80%; enfermedad de Parkinson, 60%; accidente cerebrovascular [ACV], 37%- 78%).

Los pacientes con disfagia tienen mayor riesgo de otras enfermedades graves, como los pacientes con ACV, quienes tienen mayor riesgo de neumonía y desnutrición. Por otra parte, tienen un 33,2% más probabilidades de ser transferidos a un centro de atención post aguda.

La disfagia también puede ir asociada con un bajo rendimiento físico y mayor tasa de mortalidad.

De hecho, en un gran estudio transversal de residentes de un hogar de ancianos, que sufrían disfagia, se halló 24,7% de mortalidad a los 6 meses, en comparación con el 11,9% en aquellos sin disfagia. Por otra parte, en diferentes estudios se ha comprobado que tienen 1,7 y 3,8 veces más probabilidades de morir que los pacientes sin disfagia.

La disfagia se asocia con una estancia hospitalaria más prolongada. Los costos de hospitalización son mayores en comparación con los pacientes sin disfagia. También suelen sufrir disminución de la calidad de vida, sobre todo, social y psicológica, incluyendo temor y ansiedad, tanto en el paciente como en su cuidador.

Asimismo, se ha observado: mayor preocupación por cuadros de asfixia y agotamiento del cuidador, lo que influye en el manejo de las necesidades de una enfermedad desconocida.

En un estudio, casi el 30% de las personas estudiadas informaron que evitan comer con otros, y el 41% experimentó ansiedad por su problema al comer. La consejería ha demostrado ser útil pues permite que los pacientes y las familias estén más informados sobre qué esperar en el futuro. Dada la prevalencia de disfagia en los adultos mayores, y sus numerosos resultados adversos, ahora se la considera un síndrome geriátrico que afecta la independencia del paciente y su calidad de vida.

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