El estudio de varios organismos* del sistema de Naciones Unidas, que define a un mortinato como a un bebé que nace sin signos vitales durante la 28ª semana del embarazo o posteriormente, señala que el año pasado tres de cada cuatro de estos casos ocurrieron en África subsahariana o el sur de Asia.

La directora ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore, calificó la pérdida de un niño al nacer o durante el embarazo como una “tragedia devastadora para una familia” y agregó que es una pena que “frecuentemente se soporta en silencio” y cuyo alcance es de ámbito mundial.

“Cada 16 segundos, una madre en algún lugar sufrirá la tragedia indescriptible de parir un mortinato. Más allá de la pérdida de vidas, los costos psicológicos y financieros para las mujeres, las familias y las sociedades son graves y duraderos”, abundó.

Según Fore, esto no debería ocurrir ya que la mayoría de los casos de mortinatos “podría evitarse con un monitoreo de alta calidad, una atención prenatal adecuada y una partera capacitada”.

La COVID-19, un riesgo adicional

“Más del 40% de los casos de mortinatos ocurren durante el alumbramiento, una pérdida que podría evitarse si se contara con un trabajador sanitario capacitado durante el parto y en la atención obstétrica de emergencia adecuada. Alrededor de la mitad de los mortinatos en África subsahariana y Asia Central y Meridional se producen durante el trabajo de parto, en comparación con el 6% en Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda”, resalta el informe.

 Esta situación podría agravarse aún más debido a la COVID-19.  Si la pandemia llega a reducir los servicios de salud a la mitad podría causar casi 200.000 casos adicionales de mortinatos durante un período de doce meses en 117 países de ingresos bajos y medianos.

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https://news.un.org/es/story/2020/10/1482012