Introducción.

La fístula arteriovenosa autóloga representa el acceso vascular de elección para hemodiálisis. Una complicación frecuente es la presencia de hemorragias persistentes a través de los sitios de punción realizados durante las sesiones de hemodiálisis. Las infecciones de dichas fístulas son bastante raras con una incidencia de 0.5 a 5% anual, pero aún más desafiante de resolver son los hematomas asociados a infecciones que se presentan en una frecuencia de 0.56 a 4.5%, los cuales requieren un manejo más complejo.

Caso clínico.

Femenino de 29 años de edad con enfermedad renal crónica KDOQI 5 en hemodiálisis, secundaria a preeclampsia. Se le realizó fístula arteriovenosa en miembro torácico derecho, ésta se utilizó durante ocho meses y posterior a una sesión de hemodiálisis la paciente presentó aumento de volumen del miembro torácico derecho, acompañado de calor, rubor, dolor tipo pulsátil que se irradió hacia antebrazo y compromiso nervioso. Fue ingresada con diagnóstico de hematoma pospunción, se inició doble cobertura antibiótica y se realizó drenaje de hematoma. Posteriormente se complementó con aseos quirúrgicos y colocación de sistema de presión negativa para lograr el cierre de herida cruenta y mantener funcional la fístula.

Conclusión.

Es importante realizar un diagnóstico adecuado de las complicaciones en las fístulas arteriovenosas. Además, es importante tener presentes todas las opciones terapéuticas posibles y considerar que el sistema de presión negativa es una alternativa válida para disminuir el tiempo de cierre de las heridas cruentas con vasos arteriales adyacentes, reducir costos, evitar reinfecciones y menor tiempo de estancia hospitalaria con el fin de incrementar la vida útil de la fístula.

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